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Terra
La Coctelera

Al libro de don Qvixote de la Mancha, Vrganda la desconocida

Si de llegarte a los bue-(nos), libro, fueres con letu-(ra), no te dira el boquirru-(bio) que no pones bien los de-(dos).

3 Marzo 2009

Escrito con la zurda cap III

CAP. III .

EN EL QUE APARECE UN SABIO ENCANTADOR EN EL GRAN RAJASTHAN QUE CONTÓ UNA VIEJA Y CASI OLVIDADA HISTORIA DEL QUE FUE UN AMIGO SUYO, ERUDITO HISTORIADOR GALO, EL CUAL SE VOVIÓ LOCO POR CAUSA DE UN OSCURO LUGAR.

 

 

 

 

Mientras otro soñoliento y afortunado turista penetraba en una abertura en forma de arco árabe cual agujero en una inmensa pared color siena y un guardia con turbante le daba voces a su espalda, otro guardia simpáticamente pero con firmeza y claridad me explicaba lo mismo que había dicho al que iba delante de mí. Debía entrar también cuando me lo indicasen y caminar rápido y sin pararme en ningún momento, luego otro guardia me contaría lo que debía hacer.

Repentinamente se oyó un grito tremendo que salía de la abertura, el primer guarda ya me tenía agarrado por el brazo y rápida, casi violentamente, me puso a la entrada del largo pasadizo, me dio un empujoncito y comenzó a gritarme ¡quick, don´t stop! Yo me quedé atónito y desconcertado, pero empecé a caminar, el otro me metía prisa por detrás. Lo cierto es que estaba en una oscuridad casi total, en un corredor largísimo y sin luz. Al poco conseguí distinguir al fondo una pequeñísima abertura, un agujerito en el horizonte por donde se colaba un único débil rayo de luz, que unido a la perfección total del acabado de las angostísimas paredes y del bajo techo del pasadizo, y el hecho de ser estas de mármol blanco y brillante, me permitía tener un mínimo de perspectiva y con todo esto pude andar en medio de aquel negro túnel.

Mi cabeza casi llegaba a dar con el techo y no podía prácticamente mover los brazos de la estrechez del pasadizo. Los gritos a mi espalda habían cesado y el agujerito con luz se hacía cada vez un poco más grande. Pude acelerar el paso a pesar de que estaba extrañamente cegado por la lucecilla del final. Quedaba a la altura perfecta de mis ojos, y como cuando caminas siempre se mueve la cabeza con los pasos aunque sea muy ligeramente, cosa que no se percibe bien a cielo abierto, aquí la luz parecía moverse al fondo, vibrando en la oscuridad. Las paredes blancas y pulidísimas de mármol recibían cada vez más algo de luz y lo más sorprendente de todo es que los bordes o límites entre la oscuridad y la luz parecían estar ligeramente difuminados y moviéndose dulcemente a cada paso.

El arco de luz del fondo, que era la salida del pasadizo, empezaba a estar más cerca y lentamente empezó a mostrarse una imagen difusa en medio de la luz. No la distinguí bien al principio, pero poco a poco la empecé a reconocer, bailaba suavemente en la oscuridad, y creo que pocas veces he tenido una sensación tan maravillosa en mi vida. Se acercaba el gran momento, en medio de la terrible penumbra y a la altura de mis ojos, meciéndose en el horizonte en medio del arco, se aparecía suave y con encanto infinito el Taj Mahal, que se iba haciendo cada vez más grande y claro sin poder salirse del marco movedizo que eran las paredes del corredor.

De golpe, el pasadizo se acabó y tras las tinieblas se hizo la luz, el cielo azul rodeo mi cráneo y el Taj en todo su esplendor se me presento a la vista e instantáneamente otro guardia me sujetó el brazo y me apartó a un lado al mismo tiempo que pegaba un tremendo grito hacia el comienzo del corredor. Era la señal, y debía decir en hindi ¡el siguiente! Una vez fuera todo se calmó, había unos jardines que debían ser recorridos hasta acercarte a la edificación principal de la tumba más famosa de la tierra, una de las siete maravillas del mundo, construida en 22 años por 22 mil obreros según reza la leyenda.

He de reconocer que todo estaba perfectamente pensado, los gritos, las explicaciones, los movimientos bruscos de entrada y salida del pasadizo, todo, ya digo, tenía su plena lógica, pues la cola para ver el gran espectáculo era no ya larga, sino infinita. Pude acceder a tal increíble belleza por la pericia de un taxista que me convenció de que se podía hacer en un cambio de aviones: dormir tres horas en un hotel, que las pasé en vela, despertarme antes del amanecer, llevarme al Taj Mahal, que vería con las primeras luces, y estar una hora allí.

Después de haber oído otro grito, aún mayor que los anteriores, para que se pudiera comprobar la resonancia interior de la descomunal cúpula, al salir de la extraordinaria tumba y paseando alrededor, te encontrabas con la espectacular parte de atrás, donde se podía contemplar una gigantesca curva del río Jamani con la orilla sagrada y selvática de frente, y en la otra vera la ciudad de Agra con su grandioso Fuerte Rojo, del mismo estilo y tamaño que el de Delhi, dando al ancho y poderosísimo río.

Pero el taxista me había dicho que estuviera pendiente del reloj, a toda máquina debíamos ir al aeropuerto para tomar el avión a Jaipur o lo perdería. Allí estuve esperando nueve horas debido a una avería, hasta que finalmente pude embarcar. Todo esto se me ha quedado grabado como quizá el mejor de los muchos y fantásticos recuerdos de la India, que me hizo olvidar otros, entre ellos uno de trascendental importancia para esta historia.

Sigamos pues con la narración, ya que, aunque no lo parezca, estoy tratando de ceñirme solamente a los hechos relevantes. He empezado por algunos relativos a mi niñez y adolescencia únicamente para señalar mi extraña relación con Cervantes y el lugar de la Mancha. Ahora tengo que dar un salto en el tiempo y contar algo que me ocurrió teniendo ya 27 años, en uno de mis viajes de negocios por el Oriente Lejano. En los años intermedios había comenzado mis estudios de Ciencias Económicas, y estando ya casi finalizados me dieron unas tremendas fiebres musicales y comencé a estudiar solfeo y piano. En medio de todo esto tuve un puesto en el Rastro y posteriormente una tienda de objetos orientales que me hizo viajar a la India, Nepal y Tailandia, y también docenas de veces a Londres y Paris.

El suceso que tengo que contar ocurrió en el segundo de mis viajes a la India, en el que me propuse ir a Jaipur y volver a Benarés como sitios interesantes para hacer compras. Desde Agra me dirigí a la capital del Rajasthan, Jaipur, para ver el mercado de plata y algodón estampado o cualquier otra cosa que me pudiera interesar. Me alojé en unos bungalows turísticos que me habían, en mala hora, recomendado, y como llevaba casi dos días sin dormir caí en la cama como un plomo. A la mañana siguiente, completamente breado a picotazos de mosquitos de diversas clases y tamaños, salí disparado de allí. Tomé un taxi y me pasé casi todo el día buscando un hotel aceptable, que, después de recorrer toda la ciudad y alrededores, resultó ser uno que estaba a unos trescientos metros de los bungalows de donde había partido.

El hotel era muy bonito, se llamaba Rajasthan National Hotel y tenía un cierto aspecto colonial y muy serio, con un largo jardín medio selvático y una edificación también muy alargada de dos plantas donde estaban las habitaciones, todas con sus dos o tres salamandras de rigor para los mosquitos, lo cual me tranquilizó mucho.

Ya por la noche pude salir a cenar, tomé otro taxi y tras un corto regateo, me llevó a donde le había pedido, al mejor restaurante de la ciudad, aparte de correr menos riesgos con la comida sabía que no me costaría todo más de diez rupias, unas cien pesetas. No sé como pero entre los tres o cuatro platos que pedí uno de ellos era una especie de huevos duros con mayonesa, grave fallo mío. Este detalle es esencial en esta historia, pues aparte de quedar demostrada mi falta de habilidad pidiendo platos para cenar, lo que pasó fue que unas horas más tarde, en el hotel, donde ya había llegado algo revuelto y mareado, me empecé a sentir fatal. Tenía una descomposición de mucho cuidado, una especie de colitis, algo muy frecuente entre los turistas y otros estómagos no acostumbrados en la India. Recordé también que por la tarde, mientras buscaba hotel, en una parada no había podido resistir la tentación de beber un gran zumo de frutas variadas en un puesto callejero, y después había tomado un par de excelentes tes indios. Total, demasiado líquido en mi estómago que mezclado con la mayonesa fue como una bomba.

Así que me puse enfermo y no sabia qué hacer ni donde acudir, aparte de que esto me podía estropear todo el viaje y por tanto los negocios. Había comprado en Madrid unas pastillas para la colitis que me habían recomendado, y con estas decidí guardar reposo y relajar la comida y en un par de días me empecé a sentir algo mejor. Al tercer día ya me di un pequeño paseo por el largo corredor que distribuía las habitaciones con el jardín a un lado, llegué al comedor y me atreví a pedir un arroz blanco y algo de té, estaba hambriento y débil, me sentó muy bien y me volví a la cama.

Al día siguiente volví a repetir la misma operación, encontrándome ya mucho más fuerte y animado, aún así andaba todavía algo lento e inseguro. Con todo me fui a dar un paseo por el hotel, primero por el jardín, de donde me echaron los mosquitos, y luego por todo el corredor hasta el fondo, donde había una sala con sillería de mimbre y un par de mesitas. Allí estuve sentado un ratito mirando las fotografías en blanco y negro de las paredes, eran de ciudades y sitios turísticos del Rajasthan, una maravilla, desierto y agua a la vez. Al poco descubrí una puerta doble entreabierta que daba a un pasillo, y queriendo conocer los entresijos del hotel me metí a ver que descubría.

Empecé a recorrer una serie de galerías paralelas al corredor en el otro lado del hotel y también con un largo y mucho más estrecho jardincito muy cuidado y con muchas plantas y macetas preciosas y de lo más exóticas. Como no vi ningún obstáculo seguí una sala tras otra hasta que, totalmente perdido, llegué a una habitación enorme con un gran piano de cola de color madera, viejo y destartalado, con muchas teclas desconchadas, y con su taburete y todo, eso sí, lleno de polvo y con aspecto de abandono.

Como hacía pocos años que había comenzado mis estudios pianísticos, de una forma muy esporádica y poco seria, sentía dolor de conciencia de mi poca regularidad y constancia con el piano. Allí me acordé de mi piano vertical abandonado en Madrid y me hice promesas de retomarlo con más empeño a mi vuelta. El caso es que la situación me pareció perfecta para que, no viendo ni viéndome nadie, sentarme en el taburete y poner los dedos sobre el teclado y, no ocurriéndoseme otra cosa, debido a mi escaso repertorio, ponerme a tocar una obra muy fácil del Álbum de Anna Magdalena de Bach, que era por donde empezaban los pianistas parvulitos.

Así que con los dedos muy desentrenados me puse a tocar, por decirlo de alguna forma, el piano, que además tenía unas cuantas teclas que fallaban y el arpa estaba destensada de hacía años, sin alma ni espíritu. Resumiendo, que aquello sonó como sonó, que fue peor que mal, y, cuando debía llevar unos diez segundos aporreando las teclas, de pronto se abrió una puerta doble con gran estruendo y apareció un sij gigantesco y mal encarado, pegándome uno de los sustos más espantosos de toda mi vida. Me quedé paralizado y su terrible mirada me neutralizó por completo mientras yo permanecía firme, me había levantado de golpe según le vi entrar y dirigirse hacia mí.

Me preguntó quién era y qué hacía allí con cara de pocos amigos, y yo, mal que bien, titubeando y tartamudeando, finalmente me rehice y traté de explicarme todo lo más razonablemente posible. Los primeros momentos, lo reconozco, los pasé temblando, pues debía medir unos dos metros y pesar 150 Kg., un tío tremendo. Pero al final estuvo bastante correcto, dentro de lo que cabía, y profesional, porque como luego supe era una especie de guardaespaldas que acompañaba a alguien importante, un viejecito que apareció detrás de él con una extraña sonrisa y que a poco de empezar el interrogatorio del sij lo interrumpió con un "Where are you from?". Tras mi respuesta sonrió, como si lo hubiera sabido de antemano y se dirigió a mí en un magnífico español con fuerte acento argentino, "tranquilízate, no pasa nada", e hizo que el gigante se calmara. Yo me sorprendí aún más, no me esperaba que me hablara en mi idioma y menos que la situación se relajara como por arte de magia. En seguida me di cuenta de que sus gafas de sol eran debidas a una ceguera, pues el sij le tomó su brazo para acercarle hacia mí.

El viejecito era de lo más simpático, tenía un habla muy gracioso y elegante. Al enterarse que no estaba muy sano me invitó a pasar a un salón muy cómodo con unos sofás y una mesita. Se llamaba Jorge y también estaba allí por un problema de salud, yendo hacia Japón se había sentido muy mal y ni siquiera había podido llegar a Delhi, teniendo que bajar en la escala de Jaipur donde llevaba seis días descansando y tomando fuerzas. Quería saber cómo había ido a parar a la India y le gustó la descripción que le hice de las mercancías que andaba buscando.

Le interesó el boom del algodón estampado, y especialmente una historia de un comprador de plaquitas de marfil policromado con escenas del Kamasutra, típico de Jaipur, que tiene un museo fantástico de antiguas miniaturas eróticas de marfil. Se había encontrado con la prohibición, desde ese año, de exportar marfil en todo el mundo, así que le ofrecieron las mismas escenas pero en un simulacro de papel antiguo que agujereaban y amarilleaban envejeciéndolo, mojándolo y dejándolo secar al sol, tarea a la que se dedicaban estudiantes de la Universidad de Jaipur.

Pero una vez metido en el encargo, con los adelantos pertinentes abonados, se había encontrado con un regateo continuo sobre el grado de calidad y credibilidad del proceso de envejecimiento. Si lo quería con los bordes algo rotos o carcomidos, tantos dólares, sobados por miles de dedos a lo largo de la historia, otros tantos. Pero de lo que él más se quejaba era de los pocos agujeritos imitando carcoma que se veían en la mayoría de las hojas, es que eso es lo más laborioso de todo, le explicaban, lleva mucho tiempo, y le pedían más dólares, que siempre eran preferidos a las rupias y a cualquier otra moneda. Así que en la espera se había ido de excursión a Udaipur y Jodpur, ciudades cercanas cuya descripción me dejó maravillado, y finalmente a Agra. Me acuerdo que en el hotel, viendo las fotografías de Udaipur, quise también visitarla, cosa que no pudo ser, pero juré que algún día lo haría, lo cual ahora me hace gracia por su improbabilidad.

El caso es que aquel comprador volvía a recoger su encargo de hojas supuestamente arrancadas de libros antiquísimos, con sorprendentes escenas eróticas de dudosa belleza y calidad, y con el agujereo y las marcas siempre por los bordecitos, según cláusula del contrato. Me había tocado de compañero de viaje en el avión y me había enseñado algunas que llevaba en el libro que simulaba leer, me pidió mi opinión de mercader sobre si aquello colaría en Ibiza, que era donde se movía. Pero estaban bastante frescas y chillonas como para decir que aún se las notaba calientes, y a la regularidad de las quemaduras y esquinas desaparecidas se añadía la de los bloques de agujeritos hechos en serie, además ¡carcoma en papel, cuando se ha visto! no sabía que cara ponerle, así que le animé malamente, se hundió en un mar de dudas, y, en venganza, me recomendó los bungalows turísticos.

El tal Jorge era de lo más charlatán y estuvimos hablando mucho tiempo, era muy bromista y me preguntó como había destrozado a Bach tan bien. Le hablé de mi debilidad en la constancia de la práctica pianística, mi vocación tardía y el estado del piano, todo lo cual no había impedido que acertara el compositor, le apunté, pero se reía. Más gracia le hizo cuando le hablé de mis fiebres wagnerianas, contándole que hasta me había apuntado a una revista catalana, llamada Montsalvat para tratar de estar a al última, y ya había asistido a las tres primeras operas de la tetralogía del Anillo de los Nibelungos, quedándome sólo la última, y además conocía el Tristán y el Thanhauser. También le conté que me había leído la correspondencia de Mozart, y su biografía por Stendhal, cosa que le llamó la atención y de lo que hablamos un rato. Se sorprendió mucho cuando le dije que había leído a Proust, pero bajé puntos al saberse que lo había hecho en una traducción, volví a subir cuando le hable de Thomas Mann como uno de mis favoritos, y mis comentarios sobre los Buddenbrook y las generaciones parecieron gustarle.

Hablamos de Monsalvat y la leyenda del Santo Grial, la búsqueda del monasterio perdido y toda esa mitología, pero de lo que más charlamos fue de la India y de Jaipur, que me pidió que le describiera, cosa difícil pues apenas había visto la ciudad desde el taxi. Aún así me había dado tiempo para ver un momento el exterior del Hawa Mahal, el palacio de los vientos, y le describí como sólo era una pura fachada, pero maravillosa a más no poder, hecha para que las huríes del harén pudieran ver lo que pasaba por la calle y no estar tan aburridas. Le conté como toda la ciudad era de color rosa, pues es llamada la Pink City, al igual que Marraquech, y como en los tejados de las casas era fácil ver grandes águilas del desierto. Finalmente, después de más de dos horas de charla, nos despedimos y quedamos para el día siguiente.

Dormí bien y al levantarme comprobé como me estaba recuperando y mejoraban mis fuerzas, así que ya me atreví a pedir un café en el desayuno, e incluso tomé unas tostadas con mantequilla y mermelada. Tras esto me fui a dar un paseo hasta las estancias de mi nuevo amigo, donde al poco de anunciarle mi llegada apareció sonriente, él también parecía recuperarse de su salud. Volvió a aparecer un servicio de té sobre la mesa y continuamos la charla. Esta vez quiso saber qué había leído de literatura española y tras dejar constancia de mi escasez de lectura de autores latinoamericanos, "Cien años de soledad" y poco más, empezamos a hablar de Galdós y Baroja. El caso es que la conversación derivó hacia Cervantes, donde quedé muy bien diciendo que me había leído el Quijote ya de pequeño, y a él ni se le pasó por la cabeza que podía tratarse de un quijotin, y enseguida pasó a hablar del libro con grandes elogios y mostrando mucho entusiasmo. Me habló de un viejo amigo suyo, muerto hacía muchos años, que se había vuelto loco con el Quijote y sus misterios, especialmente con el convencimiento de que el lugar del que no había querido acordarse tenía que existir o responder a algo. Así que pueden imaginarse cómo se me abrieron los ojos, no pude resistir la tentación de hablarle de Cózar y Sanabria, mis viejos secretos, pero se lo conté a modo de anécdota sin importancia y como cosa poco seria, sin intentar engañarle o inflar excesivamente el asunto. Dio igual, fue él el que lo infló, pues le pareció importantísima la información y me pidió todo tipo de detalles.

Así que me vi haciendo una descripción de las tacillas y las ruinas y fortunas que rápidamente podían generar. Me dijo que su amigo francés, se refería a él llamándole "el pobre Pierre", se había pasado años buscando pistas sobre el posible lugar no recordado de la Mancha, hasta el punto de haberse ido allí a vivir. Comentó que no era el único caso de obsesión con los misterios cervantinos, pues había habido dos o tres casos conocidos de gente que se había obcecado con estos temas. Pero lo de su amigo Pierre le había impresionado muy especialmente e incluso lo había llegado a escribir en una pequeña narración, escondiendo de alguna forma una historia cierta en medio de muchos cuentos ficticios. Era como ocultar una verdad camuflada entre muchas mentiras, me dijo, y que así pareciese una mentira más, pues no hay mayor fuente de invención que la misma realidad.

Casi toda la charla de aquella mañana giró en torno a su amigo y su locura, pues Jorge se había emocionado mucho recordándole. Me contó que en la última conversación que tuvo con él en Paris, éste se había mostrado muy esquivo y paranoico, como si supiera algo y no quisiese revelarlo, pero dando a entender que tenía información interesante y que tenía que trabajar en la investigación de muchos datos. Todo está oculto en el Quijote, hay que leerlo con atención, le dijo su amigo, se trata de adivinanzas con la solución escondida entre las letras. Pierre estaba preparando un libro sobre esto, pero se mostraba misterioso y poco comunicativo, hay que tener paciencia, decía, se necesita trabajar mucho y hacerlo seriamente.

El caso es que se mostraba muy apasionado con el tema y opinaba que el Quijote había que escribirlo de nuevo, teniendo en cuenta estrictamente, palabra por palabra y letra por letra, lo que Cervantes había dejado escrito en el original. Jorge le había preguntado si había podido llegar hasta el manuscrito original, pero Pierre dijo que eso era imposible, pues lo más probable es que Cervantes lo hubiera quemado o destruido, para que no existiese ninguna prueba ni conexión entre el trabajo de composición y el libro en su edición final, todo ello preparado, con mucho cuidado de forma calculada y concienzuda, sin duda, por el mismísimo Cervantes. Esto le había intrigado mucho a Jorge, y más cuando su amigo le dijo que parte de sus trabajos también los quemaba, para que no hubiera conexión entre los resultados obtenidos y los estudios que realizaba para llegar a ellos. La conclusión que Jorge había sacado de tanto misterio y desmesura pirómana es que su amigo, que ya estaba muy anciano, se había vuelto completamente loco con unas imaginadas pistas del lugar.

Más adelante había tenido algunas noticias por un par de cartas suyas desde un pueblo de la Mancha, donde se encontraba a pesar de la guerra civil, y también se comunicaba con otro amigo común en Toulouse. Finalmente contó que tiempo después había recibido un paquete con sus cosas y una nota que informaba de su muerte repentina unos meses antes. Había intentado descifrar sus apuntes, pero la vista entonces ya le empezaba a fallar, su letra era minúscula e ilegible y lo poco que pudo analizar le había resultado demasiado difícil de entender por las inexplicables letras y signos que utilizaba. Insistió en convencerme que yo era la persona ideal para ver si sus pistas eran interesantes o no, y que debía analizar el contenido del paquete pues a él le resultaba ya imposible. A todo dije que si, pero por dentro estaba pensando que a mí todo eso me importaba muy poco y no me quería meter en ninguna complicación.

Tras un paréntesis hablando de otras cosas me anunció que se sentía muy recuperado y que probablemente se iría al día siguiente de la ciudad, así que me pidió mi dirección en Madrid y me dijo que contactaría conmigo en cuanto pudiera, y así nos despedimos, para siempre, pues no le volví a ver nunca más. Yo todavía me quedé algunos días, y recuperado finalmente no solamente hice bastantes buenas compras sino que también me dio tiempo a visitar el palacio de Amber, el observatorio astronómico y el palacio del maharajá, así como el barrio del aeropuerto, donde se veían secar al sol las telas de algodón estampado, uno de los objetivos de mi viaje. Más tarde fui a Benarés a por sedas e instrumentos de música y finalmente a Delhi, donde después de un mes en la India volví a Madrid.

Durante un par de años me fue bien en los negocios, aunque la tienda se iba convirtiendo poco a poco en una tienda de ropa más que de objetos de regalo. Pero aparecieron las campañas de la Semana de la India en el Corte Ingles, y las cosas me empezaron a ir de mal en peor, hasta tener que cerrar la tienda para dedicarme a otras historias.

 

servido por pierre-menard 37 comentarios compártelo

37 comentarios · Escribe aquí tu comentario

abril-ale

abril-ale dijo

Acá estoy visitándote y leyéndote, gracias por compartir. Un inmenso placer estar en tu espacio, gracias por visitar el mío.

Abrazos fraternos.

3 Marzo 2009 | 11:05 PM

argivo

argivo dijo

Creo que recupera una forma de escribir, que distingue las crónicas y las formas de escribir de los principios de la novela en la literatura española, con textos como estos que ajusta a situaciones de hoy. Saludos. Argivo

4 Marzo 2009 | 02:40 AM

solitha

solitha dijo

Sin duda una bella historia.

Me deja un buen sabor al leer.

Me parece interesante.

n.n*

Niño lindo.

Muchas gracias por pasar a mi munditho.

Un besitho y un cálido abrazo de bienvenida.

Regresa pronto!!

*:)

Diana.

4 Marzo 2009 | 08:06 PM

mis-esencias

mis-esencias dijo

Un placer leerte. Besito

5 Marzo 2009 | 01:02 PM

lasrecetasdeteresa

lasrecetasdeteresa dijo

Hola me gusta leer historias, o novelas, y creo que es muy interesante, pero se hace un pilen larga. Creo que los capítulos deberían ser más cortos, es mi opinión. Unsaludo

5 Marzo 2009 | 06:18 PM

fantasmita

fantasmita dijo

Menuda historia, es real?
Besos.

5 Marzo 2009 | 06:31 PM

Benjamín  Rivera Valdés

Benjamín Rivera Valdés dijo

Hola, cómo estás, espero que bien, muy buena historia, interesante... bueno, saludos...

11 Marzo 2009 | 01:24 AM

annapaola

annapaola dijo

Entretenido e interesante tu escrito, me gustó.

Un saludo

26 Marzo 2009 | 10:59 AM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Abril Ale me alegra verte por aquí, yo por mi parte no me pierdo tus posts.
Un saludo

11 Abril 2009 | 12:37 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Hola Arguivo, gracias por tu comentario (que me parece exagerado), he tratado de narrar una historia lo mejor posible pero era la primera vez que me encontraba en esta tesitura de escribir algo y no creo que pueda estar a la altura debida, pero lo que dices me anima.
Un saludo

11 Abril 2009 | 12:44 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Diana, que inmenso placer verte por aquí, me encanta que te haya gustado.
Un beso

11 Abril 2009 | 12:46 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Mis-esencias, agradezco tu visita y lo que dices.
Besos

11 Abril 2009 | 12:47 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Hola Teresa, gracias por tu visita. Tocas un tema candente para mí, lo excesivamente largo que resulta contar algo que sin duda está sobrado de detalles o de rodeos antes de llegar al grano. Mi mujer también opina que es muy largo y en el cap. III me insiste en quitar, por ejemplo, todo lo referido al Taj Mahal. Más que otra cosa quizá sea vagancia en volver a releer por enésima vez lo ya escrito o en dejar todo para un replanteamiento general del libro donde muchas cosas y hasta capítulos enteros serían eliminados, y eso que ya he metido las tijeras y aún el hacha en muchos sitios, eso sería lo que me hace presentarlo como lo presento, sencillamente inacabado. Así que ya ves que tu opinión me interesa mucho y agradezco que hayas hecho ese comentario, pero tengo todo en suspenso y en estado de meditación.

Un saludo

11 Abril 2009 | 12:59 PM

Jo

Jo dijo

Hola, Pierre, me ha costado comentar aquí porque no me gusta dar mi opinión cuando esta es negativa. Creo que el capítulo falla por prolijo, al lector se le hace cuesta arriba llegar hasta el final. En este caso te aconsejo que seas selectivo tanto con el tema o los temas como con el vocabulario (los adjetivos que nada aportan, estorban). Etc. Lo mejor sería atenerse al 'principio de economía', de modo que eliminamos lo accesorio o lo que de alguna manera no está justificado por el 'peso' de la trama.

Un saludo y perdona mi larga ausencia,
Jo

12 Abril 2009 | 12:26 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Hola Jo, te agradezco especialmente esta nueva visita, en el comentario anterior al tuyo anotaba los problemas, especialmente de longitud, que me habían acaecido al componer este capítulo. Dudas tengo muchas y le necesidad de reorientar o rehacer todo desde el principio toma cuerpo a partir de el desbarajuste de estilos en los tres primeros capítulos. Todo queda para más adelante y aprovecho para tomarme una parada técnica y así podré recapitular, nunca mejor dicho, sobre el tono general del libro. Respecto a la economía también comenté que eso me obligó a escribir un ensayo donde en directa y con la máxima concisión posible daba cuenta de los puntos fundamentales respecto al enigma del lugar de la Mancha, el estilo casi periodístico trata de pasar datos relevantes diversos con el mínimo de palabras posible, lo cual hace que el tono sea duro y breve pero corto y claro, al menos en la intención.
Has de saber que tu opinión me interesa especialmente y que la presto atención, no tengo puntos de referencia y sé que los necesito.
Saludos

14 Abril 2009 | 02:32 PM

mis-esencias

mis-esencias dijo

Sigo poniéndome al día en tu blog... Besitos

18 Abril 2009 | 01:02 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Hola Pierre: A pesar de la longitud yo me he leído el post entero, porque me pareció muy interesante. Pero es cierto lo que algunos te observan que deberías acortarlo y tal vez dividirlo por temas. La visita al Taj Mahal es sumamente inquietante y podría ser uno de ellos. La anécdota de la mala noche en los bungalows y el dolor de estómago podría ser otra y aquel episodio con Jorge y el piano podría ser una tercera. En fin, eres ameno y cuentas detalles muy divertidos. A mí es que la India me genera poco atractivo. Me conformo con leer sobre ella y visitarla si acaso en las películas. Siento mucho decir ésto, pero es un país que no me gustaría para nada conocer. Y mira que me gusta viajar... Un saludo.

22 Abril 2009 | 06:07 AM

sombra-del-angel

sombra-del-angel dijo

Muy bueno Pierre... Es dificil por momentos resumir las letras, comienzas con un relato corto y poco a poco ellos mismos cobran vida hasta tal punto que se os escapan de las manos.
Y de cortar en algun punto la narrativa, de seguro que paria alguno quedara...
Sinceramente me ha parecido no bueno ... BUENISIMO... los detalles, cada palabra... haces que cuando se lee uno sea parte de esa historia.
Un fuerte abrazo amigo mio desde las orillas del mediterraneo

25 Abril 2009 | 11:12 AM

Benjamín  Rivera Valdés

Benjamín Rivera Valdés dijo

Hola, cómo estás, espero que bien, yo estoy bien... muy buen post... bueno, saludos...

25 Abril 2009 | 05:57 PM

yeidylayei

yeidylayei dijo

Me cuesta leerlo que inmensooooooooo

28 Abril 2009 | 10:02 PM

Cristina  Molas

Cristina Molas dijo

Pierre Buenos dias !! con la lectura de tu post y una rica taza de cafe he emepesado este dia con muy buenos animos. Espero te encuentres bien te mando un calido abrazo. hasta pronto !!

8 Junio 2009 | 03:23 PM

giverny

giverny dijo

Está bien pero lo encuentro muy largo. Me estoy poniendo al día:-)
Besos

10 Junio 2009 | 06:30 PM

Benjamín  Rivera Valdés

Benjamín Rivera Valdés dijo

Hola saludos, desde el blog selecto...

10 Septiembre 2009 | 10:58 PM

luzblanca7

luzblanca7 dijo

Hola amigo Pierre un relato muy interesante, además la India es un país que me encanta.Yo tengo una ahijada en Anantapur en la Fundación Vicente Ferrer. Soy una enamorada de la cultura India. Gracias por este post.

Abrazos

17 Febrero 2010 | 11:18 PM

Tenemos imágenes

Tenemos imágenes dijo

Siempre es un placer leer tus publicaciones, sigue así porque siempre apetece sacar un rato para leerte.

23 Febrero 2010 | 07:16 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Hola Luzblanca7,

Me alegro de que te haya gustado este capítulo, algún lector me recomendó que lo acortara y metiera las tijeras a base de bien en cualquier descripción de Jaipur o Agra que no coincidiera plenamente con la trama de la novela, imposible, para mí no sobra nada y aún falta. Ya he visto en el mapa donde está Anantapur, en el centro y algo al sur de la India, seguro que es una maravilla de sitio.

Abrazos

Fernando

3 Marzo 2010 | 05:39 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Hola Luzblanca7,

Me alegro de que te haya gustado este capítulo, algún lector me recomendó que lo acortara y metiera las tijeras a base de bien en cualquier descripción de Jaipur o Agra que no coincidiera plenamente con la trama de la novela, imposible, para mí no sobra nada y aún falta. Ya he visto en el mapa donde está Anantapur, en el centro y algo al sur de la India, seguro que es una maravilla de sitio.

Abrazos

Fernando

3 Marzo 2010 | 05:39 PM

MERCHE DIAZ SANZ

MERCHE DIAZ SANZ dijo

Aprovecho para darte las gracias por visitar mi blog y decirte que ahora que dispongo de tiempo por estar de baja y no poder hacer otra cosa que estar sentada dado mi cojera, estoy poniendo al dia en lecturas pendientes, entre las que se encuentra la interesantisima historia que compartes con nosotros.
¡Estupenda! muchas gracias por ello y hacer que mi tiempo se enriquezca con tus escritos.
Salu2

16 Marzo 2010 | 12:12 PM

Traicionando la utopía

Traicionando la utopía dijo

Excelente prosa y narrativa, se hace amena y engancha, un saludo.

22 Marzo 2010 | 10:23 AM

Alexander Vórtice

Alexander Vórtice dijo

Un honor, amigo Pierre que me añadas como amigo en este circuito cerrado que es _Internet. Te iré leyendo con calma. Te deseo todo lo mejor.
Alexander Vórtice

30 Marzo 2010 | 06:20 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Hola Merche,

Encantado de verte por aquí, sitio que ya creía olvidado, sobre todo por mí, debido a una eterna remodelación de mi librito que parece no acaba de cuajar.

Me corta mucho seguir el hecho de que los posts son quizá demasiado largos y pesados de leer, sobre todo en el ordenador, por lo que mi idea original, publicar un libro en papel, se ve truncada por la necesidad de hacerlo en la red (las editoriales parece que no ven nada interesante mi cuento) y eso se complica por que necesito incorporar imágenes y mapas como algo esencial en esta historia.

En fin ahora me he hecho con un portátil (mi hijo me “birló” el de sobremesa y en el del trabajo es imposible hacer nada de esto) y me estoy reactivando algo, sólo que me estoy dirigiendo a otro blog sobre política (me tiene muy preocupado la situación actual) y cuando me dirijo a este tema cervantino se me ocurren cosas como empezar con nuevos razonamientos del ensayo paralelo a este libro que me tiene más obsesionado aún que esta historia donde trato de novelar un descubrimiento de formas ocultas o manierismo literario en el Quijote. A esto se suma una época de intranquilidad personal y laboral, vamos que estoy hecho algo de lío. Espero ir un día a mi viejo proyecto de novela y empezar a darle a las tijeras sin piedad.

Ten cuidado con esa baja por cojera que esos descansos en el trabajo son tiempos de activación de los rabos de lagartijas que habitan en nuestras cabezas. Y lo digo con cierto conocimiento de causa porque en una baja mía por manquera nació la idea de este libro y casi enloquecí como Alonso Quijano, dedicándome a leer libros de caballería y con tanta afición y gusto, que olvidé casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de mi hacienda. Y llegó a tanto mi curiosidad y desatino en esto, que vendí muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevé a mi casa todos cuantos pudo haber dellos …

Un beso

Pierre

2 Abril 2010 | 11:06 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Hola Nadaespecado,

Gracias por tu visita y más por tu comentario, necesito ánimos de estos ya que la jardinera de mi mente en vez de hojas escritas me cultiva páginas en blanco debito a una autoacusación que cae sobre mí como una losa: mi historia es demasiado larga para ser leída en pantalla de ordenador y enganchar cuesta más de lo que debiera

Un saludo

Pierre

2 Abril 2010 | 11:34 PM

pierre-menard

pierre-menard dijo

Hola Alexander,

El honor es mío y no lo digo por otra cosa sino porque me encantan tus poesías y admiro, como novato literario que soy y por parecerme que tengo de poeta la gracia que no quiso darme el cielo, tu don para ese arte. En cuanto a lo de leerme con calma ya te puedes ir armando de paciencia pues soy largo y arduo debido a mi falta de experiencia con las tijeras y con las frases y sobre todo por lo farragoso y complejo del tema. A esto hay que añadir que escribo sobre otro libro, El Quijote, y apoyándome en otro gran escritor tan mentiroso como Cervantes, cual es Borges y su Pierre Menard. En fin que para una vez que se me ocurre ponerme a escribir empiezo por una enredadera de planos y dando por sentado que el lector conoce la obra del manco y el guiño del ciego, lo dicho: un novato.

En cuanto a tu prosa algo que leí me gustó especialmente. Te cuento: mi padre, que sufrió la guerra civil, me contó que entre las derechas y las izquierdas había un muro que las separaba y subido a ese muro estaba la gran mayoría de la gente, el temible centro, viendo el terrible espectáculo de la lucha y pensando hacia que lado habría que saltar caso de victoria de uno u otro bando para salvar el pellejo. Ahora no hay guerra pero está la paz muy intranquila y aquí está uno encima del muro contemplando el estúpido espectáculo, y muy preocupado por el panorama.

Un saludo y también lo mejor para ti

Pierre

3 Abril 2010 | 12:20 AM

luzblanca7

luzblanca7 dijo

Fernando genial post me ha gustado mucho. Excelente historia amigo, me parece muy interesante. Ya te comenté en mi anterior visita que la India es un país que me apasiona. He leído el resto de los capítulos. Es un buen relato narrativo donde el protagonista juega con letras falsas e información real, y va componiendo las diferentes frases que se encontraron "firmadas" por Miguel Cervantes Saavedra. Una verdad escondida entre muchas cosas falseadas.

Gracias por visitar mi blog. Que tengas feliz inicio de semana.
Un fuerte abrazo.Maika :)

5 Abril 2010 | 04:48 PM

yeidylayei

yeidylayei dijo

gracias por pasar por mi espacio te dejo saludes y los mejores deseos para tu semana yei

5 Abril 2010 | 09:03 PM

luzblanca7

luzblanca7 dijo

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MAIKA LUZBLANCA7
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Besitos. Un abrazo enorme y feliz fin de semana :-)

5 Junio 2010 | 05:55 PM

isabel61

isabel61 dijo

HAZ EL FAVOR DE ACTUALIZAR ¡HAY QUE FASTIDIARSE!

BESITOS

4 Noviembre 2010 | 09:37 PM

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